Delirios de Grandeza

Licantropía desarrollada | octubre 27, 2008

Es tan… cierto. No necesitan los vampiros hacerse daño cada noche. Es su estilo de vida, escondidos tras su atuendo y mostrando su pálida máscara. Desde que empieza a brotar esa sed agónica, incluso aún con dientes de leche liderando sus encías. Desde que sus pupilas apenas se dilatan a la puesta de sol ni se obsesionan todavía con el perfume de una fulana cualquiera.

Y con el paso del tiempo aprenden a controlarse. Al principio duro y lastimoso es el sentimiento de no saciar las exigencias del cuerpo cada noche ni cruzar miradas en un callejón oscuro, ni morder un dulce cuello bajo cada farola oxidada. Se escapa efímero en cada suspiro la necesidad de esa caricia mortal, que el día que llega te engancha de nuevo a esa horrible muestra de ansiedad.

Comienzan a echarlo de menos, se olvidan, se acostumbran a ser ovidados otra vez, y los dientes crecen de forma irrevocable.

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    Haku said:

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