Aletargado, cegado por la espesa niebla que calaba sus huesos, quedó reprimido en esa sensación de inseguridad bajo un aún oscuro cielo de madrugada. No podía ocultar lo decepcionado que estaba consigo mismo, así que las hojas caídas que pasaban por allí recibieron un deshonroso puntapié cargado de ira.