¿Dónde comienza la ruptura que separa el abismo existente dentro de nosotros?
¿Qué nos diferencia de la escoria que tropezó con la misma piedra?
¿Por qué pensamos menos que nada?
¿Qué sensación es esa del frío?
¿Por qué nos apagamos?
Y llegará el momento en que por fin pensemos
que hay un limite en la torpeza
que es imposible caer más hondo sin darse cuenta
que si sufrimos por frío es porque nos asedió el calor
que te des cuenta que es tontería alargar estas palabras sobre el cielo de tus infinitas noches
que llegará el momento en que regreses.
Dejar de estar para quedarse
Quedarse estando sin partir
Partirse a la mitad sin conocimiento
Sin conocerse y sin impartir
Una cosa son dos y la tercera nunca vuelve
Volviendo del sitio del que partió
De donde tú dejaste de tenerlo
Del aquí, allí y ahora que viste
Viendo impartir balazos
Sin refugio a donde ir
He sido impredecible.
He delirado.
He sentido.
Me he encaprichado.
He olvidado.
He llorado.
He hecho locuras.
He deslizado.
Me he quedado sin ideas que plasmar.
¿Y qué?
Y quizás volviendo al mismo tema de siempre, me volviré a reafirmar: hay cosas que solo se hacen una vez en la vida, y yo no soy quien las vaya a repetir.
Donde dos semanas parecen dos meses, el pálpito del miedo se acelera.
Y no lo podemos controlar.
Vamos a pensar que nada se ha topado con el final, que siempre queda aún una esperanza. Y para ello comencemos por lo más sencillo, lo que no empieza no acaba.
Es irónico y un engaño lamentable, lo sé, pero si no nos queda otra cosa a la que agarrarnos, ¿qué podemos hacer si no?.
Quejarse de vicio no es bueno, eso seguro. Ir contando por ahí sin propósito alguno más que el de complacerte a ti mismo que hay días en que lo mejor es tumbarse bajo una manta caliente a dormir y esperar que las horas pasen, seguro tampoco. Pero hay ves que es necesario hacerlo.
Uno se esfuerza tanto, ¿y para qué?. Siempre he pensado que un alto grado de egocentrismo inunda cada acto, pero cuando a parte de lo que tú piensas incluso para ti mismo la gente se esfuerza en demostrártelo, no encuentras otro sitio donde mirar. Ahora no queda más remedio que pensar que si uno pone tanto empeño en sorprender a la gente, en arrancar una sonrisa o en dibujártela a ti mismo es para que su propio ego sobreviva; “yo lo hice”. Luego van a llegar las desilusiones, los llantos y los lloros, y ahí estará sólo nuestro ego para decirnos “que tú lo hiciste”.
Me censuro a partir de aquí, para no convertir esto en un reproche personal. Para no alimentarme a mí mismo.
El miedo es una sensación tan horrible como necesaria. Nos impulsa a actuar locamente, a dar un giro a nuestra vida, a retorcernos de dolor, a darnos cuenta de las cosas.
Hubo un día en que lo sentí, en que sin pensarlo dos veces hice lo peor para todos. En que me llevé una hostia en la cabeza, dos neuralgias en la mente y tres balazos en el corazón. Pero hay cosas que sólo se hacen una vez en la vida. Lástima que ya haya gastado mi cupón; pero así de paso aprendo a no arrepentirme para nada de mi poca salud sensitiva.
Jamás te había visto así, y tu brillo me dejó absolutamente anonadado.
Hasta siempre, [...] just for one day.
Parece ser
que voy asumiendo
no se si puedo
decir ya
o todavía no
que solamente
me miraste
para así
obligarme
a rellenar
espacios
de hojas en blanco.